miércoles, 22 de abril de 2009

Un día como el 12

Había una vez una niña que deseaba fervientemente que su cumpleaños pasara como un día normal. No le gustaba esa fecha...y no era por el tema de "fingir" como siempre lo había creído: el verdadero problema radicaba en que no sabía interactuar con las demás personas. No sabía cómo comportarse, cómo hablar, qué contar o si debía reirse. No tenía idea de cómo compartir, quizá, como una persona común debía hacerlo...o tal como los demás querían. Por lo tanto, la gente que iba a visitarla o verla se aburría de ella y del ambiente que se propiciaba (o al menos, eso creía). Esta situación era incómoda, pues, aunque esos seres que iban con la mejor intención de felicitarla por el día de su nacimiento ella ni siquiera tenía la capacidad para entretenerlos...
A causa de esto, sentía que no merecía nada... ni las visitas ni su prescencia ni sus palabras, menos un regalo ¡nada! ¡pues no podía demostrarles lo agradecida que estaba de que se acordaran de una persona como ella!... en vez de perder el tiempo con su festejo prefería que las personas estuvieran en sus casas haciendo cosas que realmente les agraden.
Sola se sentía bien, o sólo con algunos concurrentes como su familia (mamá, papá, hermanos, abuelos) y sus amigos... bueno, sus amigos muy pocas veces los veía gracias a que su cumpleaños caía en fechas de vacaciones de verano (¡mes para salir!) y, por supuesto, no culpaba a nadie por ello; además, ellos también se aburrirían si es que viniesen, pues de seguro tendría que estar "compartiendo" con los adultos... y los amigos no hablan de los mismos temas, no es el mismo ambiente, la misma confianza y comprensión... era como si dos mundos chocaran.
Aunque todos seamos "personas", el mundo adulto es muy diferente... se debe mantener una postura y cierto margen de respeto. Valores que se remarcaba muchas veces nuestra niña, sino decepcionaba a su padre, y su madre, irritda, le diría: "tu odias a todo el mundo"... aquello sucumbía toda esperanza e ideas que tenía para poder compartir con alguien. Aparte de destruirle como persona y como hija...le bajaba la autoestima.
Para solucionar todo aquello, la chica siempre pensó en única solución: escapar (por el día) hacia algún lugar... viajar por las líneas del metro, pasear muy lejos de casa a un parque o un centro comercial o incluso quedarse en la Biblioteca...pero por más que lo meditara sentía que era una decisión egoísta. ¿Qué pasará con esas personas que fueron a casa a visitarla? ¿Se encontrarán con la sopresa de que justamente no está y ha salido todo el día? No, no podía...eso sería dañarlos, menospreciarlos, decirles por medio del silencio "no quiero estar con ustedes", y no era eso... ¡Es sólo que huía! huía porque no sabía ser "buena", no sabía qué hacer... ¡Porque pensaba que nada merecía!... pero a la vez no deseaba molestar a nadie... porque era una cobarde.
...Por eso se callaba y actuaba como de costumbre...
...Se quedaba sentada, en casa, nerviosa a cada llamada...
...Y se llenaba de tristeza cuando acababa el día...
Aunque no quería ser así, le costaba mucho cambiar y pidió perdón por ello en un escrito que realizó para sus seres queridos un día...

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